Febrero 11.
Lo que nos une a nuestros familiares y amigos, lo que nos mantiene unidos, responde a relaciones kármicas establecidas desde hace mucho, mucho tiempo. Nacemos en la familia que "nos toca" o que "escogimos". Establecemos amistad con quien compartimos misma "frecuencia kármica" (kensoku) y las relaciones de pareja que establecemos, obviamente responden a las causas que ambas personas hicimos desde ese pasado remoto.
Los vínculos no se rompen, después que se establecen se fortalecen o se debilitan, se aprovechan o desaprovechan, se mejoran o empeoran, pero no se rompen... ni con la muerte. Seguimos vinculados a nuestros familiares y amigos fallecidos, sólo que en escenarios diferentes, hasta que volvemos a estar "manifiestos" en el mismo tiempo.
Esto ocurre tanto con nuestros seres queridos como con los no tan queridos, los vínculos son igual de irrompibles, así que lo que cambia es el tipo de energía vital que transita por ese vínculo. Un conflicto con algún familia, amigo o pareja, no rompe el vínculo aunque exista una separación física, porque las causas que hacemos, con las palabras e incluso los pensamientos, seguirán grabando causas para vivir de una mejor o peor manera ese vínculo irrompible. Por eso el Budismo Nichiren pone tanto énfasis en transformar desde nuestro corazón las raíces de los vínculos que establecemos con todos a nuestro alrededor.
Hoy disfruté de volver a encontrarme con un amigo súper especial, en una situación no planificada que le dio un valor aún mayor al encuentro. Volver a conversar y ponernos al día, compartir las dificultades y retos que enfrentamos, volvió a reavivar los sentimientos de profunda amistad y deseo de bienestar del otro. Así siento que es la verdadera amistad.
Además ya desde hace varios días vengo compartiendo con un hermano de la vida, de esos con los que uno creció y aprendió sobre la vida. Él, extraordinario profesional de la medicina, vive en el exterior y la distancia vuelve a ser insignificante al retomar proyectos juntos, compartir ideas sobre lo que nos apasiona y trabajar para lograr estas nuevas metas de vida.
El viernes terminó con un encuentro de valor infinito. Después de dos intentos fallidos logramos ir a casa de una vecina, donde el que inició su práctica y recibió Gojonzon fue el menor de sus hijos, Javier, que después invitó a su mamá Solsiteth, luego llegó su hermana Baxsay y finalmente comenzó a participar su abuela Lina. Los 4 son miembros de nuestro Sector en la SGIV y siempre nos han tratado con mucho cariño.
Nos recibieron a mi madre y a mí con mucha estima y nos confirman que extrañan, como todos, volver a encontrarnos en "las reuniones", sin embargo les pedí que no sólo sigamos con paciencia toda esta falta de actividades regulares, sino también valorar mucho más estos pequeños encuentros entre dos familias, donde hablamos con más detalle y profundidad sobre lo que nos preocupa y debemos atender en lo inmediato. Un cafecito y un chocolate caliente con pan, cerraron con broche de oro esta semana.
Daisaku Ikeda dice que debemos valorar cada encuentro "cómo si fuera el último", porque así se pone la vida y todo el esfuerzo para transmitir la calidez que surge desde el deseo de la auténtica felicidad del otro. Así que hoy más que nunca hay que poner la vida en los pocos encuentros que podemos tener con nuestros seres queridos, amigos y compañeros.
Compartir el valor del daimoku, el beneficio que obtenemos de entonar con fuerza y determinación cada Nam Miojo Rengue Kio, hace que los vínculos se fortalezcan y desarrollen aún más energía vital para todos los involucrados.
Espero poder verlos pronto.
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